La bella durmiente.

Convencional, esa debe ser la única palabra con la que jamás describiría a mi abuela. Enérgica, atrevida, valiente, alegre, jovial, temeraria, irreverente, anárquica, explosiva, inquieta, entusiasta, orgullosa, irascible, impredecible, fuerte y de la que sorprendía que al mismo tiempo pudiera ser bondadosa, generosa, cariñosa, tierna, dulce, compasiva…

Doña Esther Morales es una mujer compleja e indomable, de mente aguda y sin filtro; los que la amamos aprendimos a ver sus virtudes más allá de esa coraza que ella y la vida fueron forjando a su alrededor, yo en lo particular, aprendí con el ejemplo su generosidad hacia los que menos tienen, su compasión por las personas en desgracia y siempre respeté ese carácter que le llevó a ser la matriarca de una gran familia que, a veces asustaba y en otras sólo querías abrazarla.

Mi abuela es tremenda, no hay quién no tenga una anécdota importante con ella en su vida, ella es memorable, para bien o para mal. Yo podría contarles varias historias, crecí a la expectativa de sus dichos y sus hechos, aunque, a decir verdad, ya nada me sorprendía, estar con ella, viajar con ella, abría un mundo de posibilidades, donde cualquier cosa podría pasar, así que lo mejor era acomodarte al asiento y dejarte llevar en esa montaña rusa que era su vida, de todas maneras, inevitablemente saldrías despeinada.

Mis hermanos y yo la queremos y admiramos, nunca fué la abuelita de cuento que muchos esperamos (ese papel siempre fué de mi bisabuela), al contrario, a mi abuela le llamamos “mamá” y es que al decirle “abuela” corrías el riesgo de quedar sin dos dientes frontales.Mi abuela nunca se ha quedado con ganas de nada: Amó, viajó, comió, bebió, hizo y deshizo. Ha tenido una vida plena.

Estricta con las mujeres de su casa, nos enseñó a no ser dependientes de nada o de nadie, hizo mujeres fuertes y decididas, con sus propias familias que ahora pueden atestiguarlo. El matriarcado es marcadísimo en mi familia, el “girl power” es notorio, porque nos enseñó a que podemos ser igual o más fuertes que los hombres, a salir adelante con o sin apoyo de nadie, que no hay montaña alta, que nadie es más que tú y que nadie es más listo que tú, que lo que no da la escuela, lo enseña la vida y que tú eres el único responsable en labrar tu futuro, porque tú eres producto de tus decisiones y sólo esas definen tu vida.

Le aprendí de sus aciertos y también de sus errores, ella es irrepetible, mi abuela es un pilar en esta familia y mi corazón reza porque, en lo que sea que esto termine, sea para bien de ella.

Te quiero Yuyu.

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Fuerza México!

Con todo lo que está pasando, me siento orgullosa de los mexicanos, de sus jóvenes.

Ayer a la medianoche, un par de chicos de alrededor de unos veinte años, tocaron mi puerta para pedir comida, cobijas o lo que pudiera, para llevarlo a los lugares afectados, ellos iban a llevar las cosas y quedarse a trabajar de reemplazo de los rescatistas que llevaban muchas horas trabajando.

Bajé con un sleeping bag, unas cobijas y algo de despensa y medicinas, las madres de los chicos clasificaban y armaban cajas para su entrega.

Esas mujeres están formando gente de bien, de hecho ya los han formado.

Gracias mujeres!

Y hoy, al ir al supermercado mis hijos me acompañaron para comprar más viveres, jabón, cloro, productos de higiene femenina y cuando estabamos en salchichonería, dos muchachos (también en sus veintes, tatuados, greña larga y barba) estudiantes universitarios, preguntaban que cuánto necesitaban para un kilo de jamón, cuando les dijeron cuánto, revisaron las monedas y un par de billetes de veinte pesos y después llamaron por teléfono a sus amigos “para que les hicieran paro” y les depositaran “aunque fueran veinte pesos”, después de un rato, preguntaron cuanto costarían 45 rebanaditas de jamón, porque esas eran las tortas que querían llevar…😞

Les pregunté que a dónde iban y me dijeron que “a seguir sacando escombros, señora”, no traía mucho, pero les dí lo que traía y les pedí que me esperaran en lo que iba al cajero y les dí algo más, estaban muy agradecidos y me pidieron mis datos para mandarme “pruebas de entrega de las tortas”, lo que me dió más ternura y casi lloro, les dije que no era necesario.

Ya en casa, entregamos la despensa y los sandwiches que hicimos y no nos queda (por hoy) mas que rezar por las victimas y por esas maravillosas personas que han demostrado su formación e integridad como mexicanos solidarios.

Si esos jóvenes son el futuro de México, estamos en buenas manos.

Empacho.

Hoy tuve una pesadilla horrible, soñé que había ido a comprar manzanas para mi abuela y llegaba a un punto del camino que se bifurcaba, y comenzaba a oscurecer… 😑

Sonó mi teléfono, era mi hermana, me avisaba que había un apocalipsis zombie, que volviera a casa, pero que tuviera cuidado al llegar a la bifurcación, porque en el camino del lado derecho, me esperaba mi ex-jefe Carlos Popoca, para recontratarme y del otro lado, Sergio Goyri (no me pregunten porqué mi mente lo escogió 😶) de botas, con su bigote y una motosierra para descuartizarme!!! 😨

Al super donde compré las manzanas no podía regresar porque había zombies y no había ningún rastro de otras personas vivas que pudieran ayudarme!!! 😱

Traté de caminar justo en el medio de los dos caminos, trepando árboles y corriendo, pero recordaba que no había ido al gimnasio esa semana y se habían acabado mis poderes (es sabido que el gimnasio te los da…😳), así estuve por horas, hasta que llegaba a una casa del árbol hecha de roca donde estaba a salvo (porque el Goyri, con su motosierra, se echaba todo a su paso, el muy maldito, pero no iba a poder con esta casita) y como ahí no había cobertura Telcel, nadie podría localizarme, ni con GPS y no tendría que volver a la oficina. 😀
Ya no voy a cenar. 😩

Manzanas.

Hoy celebraron las fiestas patrias en la escuela de mis hijos, llevé dos pasteles para los pequeños, gracias al apoyo en logística a mi marido bello, que dió más vueltas que yo para hacerlo posible. 👏🏻👏🏻👏🏻😊

Además, quise sorprender a mis panzones haciendo manzanas con chamoy, así que ayer compré la pasta de chamoy, palitos y bolsitas de celofan, pero me faltaron las manzanas…😁

Hoy fuí al tianguis por ellas, busqué amarillas porque para mí son las más ricas, pero no había…😕

Después de buscar un rato, me dijeron: “jefa, vaya aquí adelante con el Brayan, el Brayan las tiene bien sabrosas” 😳😳😳

Con todas las reservas que la propia frase generaba, fuí dos puestos adelante y sí, efectivamente, el Brayan tenía las mejores manzanas.😀👍🏻

Voy a prepararlas y se las presento. 😊

Blanquito.

Hoy, paseando a mi perro, me encuentro con la nueva chica encargada de la seguridad de la puerta de donde vivo y me dice: “Aaaawww!!!, Tan bonitos sus perritos!!!”

Yo, después de voltear pa’todos lados, para ver dónde estaba el otro perro, le dije : “Cuál otro?…” 😒 

Y me dijo: “Tiene otro igualito, pero blanquito, no?”

Yo: “…Sólo tengo este… Mañana lo baño.” 😑

Les dejo foto del “otro” perro…😎

No tan peor.

Cuando comenzó este año daba las gracias de rodillas por el final del 2016 (horrible, terrible año) y dejé de escribir.

Dejé de escribir porque mi vida tuvo un maravilloso giro donde mi paz interior ha sido redescubierta, ha crecido y se ha afianzado.

Desafortunadamente, escribo mejor cuando la vida me patea, que cuando me apapacha, algo que estoy intentando remediar comenzando desde hoy.

Entre las novedades en mi vida están:

1. Dejé el gimnasio. No soy deportista, lo siento, lo intenté por un año y nomás no.

2. Comencé a estudiar francés. Primero con un pequeño grupo de personas, donde yo era la más joven y después en la UNAM, donde soy la más vieja (por mucho) pero donde he hecho migas con un grupito ecléctico de jóvenes muy simpáticos (Dios! Eso me hizo sonar tan vieja!). Y con excelentes notas.

3. Cocino más y mejor. Pregúntenle a mis hijos, que ya no exigen irse a casa de su abuela, donde según ellos “se come como gente decente”.

4. He bajado cuatro kilos, sin gym, sin dieta, sólo quitando el estrés de mi vida. 

Nos seguiremos leyendo!!!

La visita.

Escribí este cuento hace un par de meses y lo publiqué en Facebook, no lo había publicado aquí porque tenía mis reservas, hoy pedí la opinión de mis compañeritos de francés (de quienes ya les platicaré) y me dijeron que no estaba tan feo, así que, ahí va: 😁

La visitante

Ella pasó a saludarme anoche, se sentó a la orilla de mi cama, ese movimiento y el crujir de su ropa hicieron que entre abriera los ojos. 
No esperaba su visita esta vez, de hecho no era algo que yo esperara, vamos, ni siquiera lo deseaba, sin embargo, ella creía que éramos amigas, había algo que le hacía creer eso.
Debe haber sido por esa noche en la que sentí que había perdido mi alma, el día en que la llamé.
Ese día recuerdo que cerré mi puerta y pasé el cerrojo, me dispuse a verla, quería rendirme, entregar mi carga, pero no antes de decirle un par de cosas… 
Alguien, aunque fuera ella, iba a escucharme. 
Hablé por horas, lloré, arrojé a la pared todos los objetos que tenía a la mano y nada bastaba; desnudé mi alma y me mostré vulnerable sin ningún temor. Nadie me juzgaría más.
Se presentó frente a mi, aunque no emitió ningún sonido, me miró largo rato, sin muestras de estar interesada en lo que yo hacía o decía, sin embargo, debo haber tocado algún punto sensible porque se apiadó de mi atormentada alma y se marchó, me dejó como me encontró, en un rincón y con las rodillas pegadas a mi pecho. No se llevó nada porque se dio cuenta de que nada quedaba.
Después de ese día, ella acudía a mi y me observaba desde la esquina donde estaba mi librero, esperaba con cautela hasta que yo despertaba al sentir su mirada fija en mi, al principio tenía miedo, sabía que tenía una deuda con ella, una que no había cobrado antes pero que era inminente, después de un rato se marchaba, me parece que, en ocasiones necesita de un recordatorio, así, de vez en cuando, de la fragilidad de los seres humanos, como quien acude al zoológico y sabe que tiene en sus manos el destino de una especie. 
Sus visitas se hicieron habituales, yo fingía seguir durmiendo, cambiaba de posición y mantenía los ojos cerrados, sin embargo, comenzaba a incomodarme ser observada, no entendía la fascinación que ella pudiera tener por mi.
Todo cambió ayer. 
Ella llegó y se colocó en el rincón de siempre, no sentí su presencia hasta que ya estaba a un costado de mi cama, nunca había estado tan cerca. Giró y se sentó al borde. 
Me sobresalté, pero cerré los ojos, no estaba yo para hacerla de fenómeno en este circo, tenía sueño. 
 – María, sé que estás despierta – Dijo. 

Yo juraría que no emitió ningún sonido, pero la escuché perfectamente en mi cabeza. Me quedé helada. Si venía a cobrar mi deuda, yo no estaba lista, lo estuve antes (o eso creía), pero no hoy, no ahora.
No hice ni un movimiento, no pestañeé y contuve la respiración.
– María, sé que puedes oírme – Susurró.
– He llegado a comprenderte, a tu alma… tu cansada y atormentada alma… ¿Cómo puedes estar tan cansada, María? ¡tu vida es apenas un suspiro! – los murmullos venían acompañados de una brisa tibia.

Yo siempre supuse que sería helada.
– Nada te es suficiente ¿verdad?, nadie es suficiente para llenar tu vacío… ¡estás tan vacía, María! 
Yo lo sabía. Sabía eso mejor que nadie, sin embargo, escucharlo de alguien más lo hacía sonar tan decadente que me daban ganas de llorar. Parecía que hacía mucho que yo ya no tenía nada que ofrecer, pero en un arrebato egoísta, tampoco quería irme.
– Dame una razón para dejarte viva, un indicio de que tu vida tiene significado, muéstrame que todavía existe una llama que puede iluminarlo todo y prender el fuego- Volvió a susurrar.
Así que ahora quiere hablar… No me moví. No hice ninguna señal de que sus palabras pudieran afectarme, pero lo hacían.
Sí, estaba cansada. Sí, estaba vacía. Sí. Y quería dejar de sentirme así, pero iba a necesitar más de una noche para hacerlo, porque para reconstruirme iba a tener que tomar pieza por pieza y encontrar ese “algo” para mantenerlas unidas, eso tomará tiempo; no había una llama prendida, sin embargo había brazas, podía hacerlo, pero ¿cómo explicarlo?
Sentí rabia. Ella me sabía derrotada, me sabía vulnerable, pero yo no iba a mover un músculo para confirmárselo.
Ahí lo comprendí. Abrí los ojos, sin girarme hacia ella, mi vida no era suya todavía, no tenía que explicarle más, comprendí que su fuerza provenía de mi, que era yo y no ella quien estaba en control; suspiré y le dije adiós.
Ella pareció comprenderlo, se levantó y se marchó. Por el momento.